Chi-Chi se limpia la sangre. Se dirige a Alegría Malvada (Ambas tuvieron una batalla). La golpea. Pero Alegría no sintió el golpe. Se dejó golpear. Alegría con una sonrisa desafiante dice.
Alegría: Bien, ya fue tu turno, ahora me toca a mí. Con un movimiento rápido, Alegría le tuerce el brazo por completo a Chi-Chi.
Chi-Chi siente un dolor agudo recorrer su brazo, pero no se rinde. Con una expresión de determinación, utiliza su otra mano para intentar liberarse del agarre de Alegría.
Chi-Chi: ¡No te saldrás con la tuya tan fácilmente!
Con un giro ágil, Chi-Chi logra zafarse momentáneamente, dando un paso atrás para recuperar su postura. Su mirada se endurece mientras observa a Alegría, quien aún sonríe, disfrutando del desafío.
Alegría: ¿De verdad crees que puedes vencerme? Esto apenas comienza.
Chi-Chi, respirando hondo, se prepara para el siguiente movimiento. La batalla no solo es física, sino también mental. Ambas saben que el verdadero enfrentamiento está en juego, y la tensión en el aire es palpable.
Chi-Chi: ¡No subestimes mi fuerza! ¡Voy a demostrarte de lo que soy capaz!
Con un grito de guerra, Chi-Chi lanza un ataque rápido, buscando aprovechar la sorpresa. Alegría, sin embargo, se anticipa y se mueve con agilidad, esquivando el golpe y contraatacando con un puñetazo directo al abdomen de Chi-Chi.
Chi-Chi se encorva por el impacto, pero su espíritu sigue intacto. La batalla se intensifica, y ambas luchadoras saben que solo una de ellas saldrá victoriosa.