Aliza de Horrortale, con su característica aura oscura y su mirada penetrante, se encontraba explorando los pasillos de la escuela aterradora. Las sombras danzaban a su alrededor, y el eco de sus pasos resonaba en el silencio inquietante del lugar. De repente, se topó con Raido, quien estaba apoyado contra la pared, con su gorra baja, ocultando su rostro.
Raido, visiblemente asustado, murmuraba en un idioma desconocido, sus palabras eran un susurro tembloroso que parecía mezclarse con el ambiente tenebroso. Aliza, intrigada, se acercó un poco más, sus ojos brillando con curiosidad.
—¿Qué te pasa, Raido? —preguntó Aliza, su voz suave pero firme, intentando romper la tensión en el aire.
Raido levantó un poco la cabeza, sus ojos asustados se asomaron por debajo de la visera de su gorra. —Es... es que siento que algo nos está observando —respondió, su voz temblando—. No sé qué es, pero hay una presencia... extraña.
Aliza sonrió, una sonrisa que podría ser tanto tranquilizadora como inquietante. —No te preocupes, Raido. Aquí, en esta escuela, las sombras son solo sombras. Pero si hay algo, lo enfrentaremos juntos.
Raido tragó saliva, sintiendo un poco de consuelo en las palabras de Aliza, aunque la inquietud seguía presente. —¿Y si no es solo una sombra? —susurró, volviendo a mirar a su alrededor, como si esperara que algo emergiera de la oscuridad.
—Entonces, será un buen momento para demostrar de qué estamos hechos —respondió Aliza, su voz resonando con determinación. —Pero primero, ¿por qué no me cuentas más sobre lo que has sentido? Quizás podamos descubrir qué es antes de que se convierta en un problema.
Raido asintió lentamente, sintiendo que la presencia de Aliza le daba un poco de valor. Juntos, se adentraron más en la oscuridad, listos para enfrentar lo desconocido.
Raido: Es Mario... Él... Se volvió un monstruo...
Al escuchar el nombre de Mario, el corazón de Aliza dio un vuelco. La historia de Mario, un compañero de clase que había desaparecido misteriosamente, había circulado por la escuela como un susurro aterrador. Se decía que había sido víctima de una transformación oscura, convirtiéndose en algo que ya no era humano.
—¿Mario? —preguntó Aliza, su voz ahora más grave—. ¿Qué quieres decir con que se volvió un monstruo?
Raido se estremeció, recordando las historias que había oído. —Lo vi... en el bosque detrás de la escuela. Estaba... diferente. Su piel era pálida, y sus ojos... eran como dos pozos oscuros. No parecía él. Era como si algo lo hubiera poseído.
Aliza frunció el ceño, sintiendo que la atmósfera se volvía aún más pesada. —¿Estás seguro de que era él? A veces, la mente puede jugar trucos, especialmente en lugares como este.
—No lo sé —respondió Raido, su voz apenas un susurro—. Pero sentí su presencia, y no era la misma. Había algo maligno en él. Me miró, y en ese momento supe que no era solo Mario. Era algo más.
Aliza se detuvo, mirando a su alrededor. Las sombras parecían moverse con más intensidad, como si respondieran a la conversación. —Si lo que dices es cierto, entonces debemos encontrarlo. No podemos dejar que se convierta en una amenaza para nadie más.
Raido la miró, sus ojos llenos de miedo y esperanza. —¿Y si no podemos ayudarlo? ¿Y si ya es demasiado tarde?
—No lo sabremos hasta que lo intentemos —dijo Aliza, su determinación brillando en su mirada. —Si hay una parte de Mario que aún está dentro de él, debemos encontrarla. Y si no, entonces haremos lo que sea necesario para protegernos y proteger a los demás.
Con un profundo suspiro, Raido asintió. —Está bien. Pero, ¿cómo lo encontramos? El bosque es grande y oscuro.
Aliza sonrió de nuevo, esta vez con una chispa de valentía. —Sigamos el rastro de su energía. Si realmente se ha transformado, su esencia debería ser diferente. Podemos usar eso a nuestro favor.
Juntos, comenzaron a caminar hacia la salida de la escuela, el eco de sus pasos resonando en el silencio. La oscuridad parecía cerrarse a su alrededor, pero la determinación de Aliza y la creciente valentía de Raido les daban fuerza. Sabían que el camino sería peligroso, pero estaban listos para enfrentarlo, juntos.
Mientras se acercaban al bosque, una risa distante resonó en el aire, una risa que helaba la sangre. Aliza y Raido intercambiaron miradas, sabiendo que la verdadera prueba apenas comenzaba.