Aliza de Horrortale se topa con Jorgito, el hermano muerto de Ber.
Aliza lo observa: Fantasma... Desearía que no me asustaran, pero este mundo todo es miedo...
Jorgito no dice ni una palabra y solo la observa. Jorgito desaparece indicando que no le gustó el comentario de Aliza y aunque él no tenía malas intenciones, sabe que a veces las apariencias dan miedo
Aliza se quedó en silencio, sintiendo el frío que dejó la presencia de Jorgito en el aire. La atmósfera a su alrededor se tornó más densa, como si el mismo miedo que había mencionado se hubiera materializado. Se preguntó si había ofendido al espíritu del hermano de Ber, aunque su intención no había sido asustarlo.
"Lo siento", murmuró, aunque sabía que no podía esperar una respuesta. "No quise decir que tú seas aterrador. Es solo que... este lugar es así. Todo es un eco de lo que fue, y a veces me siento atrapada en este ciclo de sombras."
El silencio se mantuvo, y Aliza sintió una punzada de tristeza. Jorgito había sido un niño, un alma inocente que había quedado atrapada en este mundo de pesadillas. Ella sabía que su vida había sido truncada, y eso la llenaba de una profunda compasión.
"Si pudieras hablar, ¿qué dirías?", se preguntó en voz alta, mirando hacia el lugar donde Jorgito había estado. "¿Te gustaría que te recordaran? ¿O preferirías que te olvidaran para siempre?"
Un leve susurro pareció responderle, un murmullo que se perdió en el viento. Aliza cerró los ojos, intentando concentrarse en la esencia del niño. "No tienes que tener miedo de ser recordado. Todos merecen ser recordados, incluso si el mundo es oscuro."
De repente, una brisa suave acarició su rostro, como si Jorgito estuviera escuchando. Aliza sonrió, sintiendo que, aunque el miedo era una parte de su realidad, también había espacio para la comprensión y la empatía.
"Si alguna vez necesitas hablar, aquí estaré", prometió, sintiendo que su corazón se llenaba de una luz tenue en medio de la oscuridad. "No todos somos aterradores. A veces, solo necesitamos un poco de tiempo para entendernos."
Y con esa esperanza, Aliza se alejó, dejando atrás el eco de un niño que, aunque perdido, aún podía encontrar consuelo en la conexión humana.