Chi-Chi, con la furia ardiendo en su interior, se preparó para lanzar una patada devastadora hacia Murder Sans. Sin embargo, en un movimiento ágil y casi sobrenatural, Sans realizó un salto acrobático, esquivando su ataque con una gracia que desafiaba la lógica.
Pero en ese instante, el ambiente se tornó aún más tenso. El fantasma de Papyrus, con su característica bufanda ondeando en el aire, apareció de la nada. Con una determinación inquebrantable, se materializó frente a Chi-Chi, agarrándola del cuello con una fuerza sorprendente para un ser etéreo.
"¡No permitiré que le hagas daño a mi hermano!" exclamó Papyrus, su voz resonando con una mezcla de autoridad y preocupación. La imagen del esqueleto mayor, aunque espectral, emanaba una energía protectora que hacía temblar el aire a su alrededor.
Chi-Chi, sorprendida por la aparición del fantasma, sintió cómo su furia se mezclaba con la confusión. "¿Qué demonios es esto?" gritó, intentando liberarse del agarre de Papyrus, pero él no cedía.
Sans, aún en el aire, observó la escena con una mezcla de alivio y gratitud. Sabía que Papyrus siempre estaría dispuesto a protegerlo, incluso en los momentos más oscuros. Con un giro en el aire, Sans se preparó para contraatacar, listo para demostrar que no estaba solo en esta batalla.
La tensión en el aire era palpable, y el enfrentamiento entre Chi-Chi, Murder Sans y el espíritu de Papyrus prometía ser una lucha épica, donde la lealtad y la furia se entrelazaban en un conflicto que resonaría más allá de la batalla misma.
Chi-Chi golpea a Sans haciendo que retroceda. Pero Sans se ríe y dice: Impresionante Chi-Chi. Pero... Estás segura que quieres seguir con esto?
Chi-Chi, respirando con dificultad y sintiendo la adrenalina correr por sus venas, no se dejó intimidar por la risa burlona de Sans. "No me subestimes, esqueleto. No estoy aquí para jugar," respondió, su voz firme y decidida. La furia que ardía en su interior se transformó en una determinación inquebrantable.
Papyrus, aún sosteniéndola, miró a su hermano con preocupación. "Sans, ten cuidado. Ella es más fuerte de lo que parece. No podemos permitir que esto se convierta en algo más grande de lo que ya es." Su tono era serio, y su mirada reflejaba la preocupación por la seguridad de ambos.
Sans, con su característica calma, asintió. "Lo sé, Papyrus. Pero a veces, la furia puede nublar el juicio. Chi-Chi, si sigues por este camino, solo habrá más dolor. ¿No hay otra forma de resolver esto?" Su voz, aunque burlona, tenía un matiz de sinceridad que resonaba en el aire.
Chi-Chi, sintiendo la presión de las palabras de Sans, se detuvo por un momento. La imagen de su familia y sus seres queridos pasó por su mente, y la rabia que la había impulsado comenzó a desvanecerse. "No quiero hacerles daño," admitió, su voz más suave. "Pero no puedo quedarme de brazos cruzados mientras ustedes amenazan a los que amo."
Papyrus, sintiendo el cambio en la energía de Chi-Chi, aflojó su agarre, pero no la soltó del todo. "Entonces, ¿podemos encontrar una solución que no implique más peleas? Hay formas de resolver los conflictos sin recurrir a la violencia."
Sans, aterrizando suavemente, se acercó un poco más, su mirada fija en Chi-Chi. "Te entiendo. Todos tenemos algo que proteger. Pero la lucha no es la respuesta. ¿Qué tal si hablamos? Tal vez podamos encontrar un terreno común."
Chi-Chi, aún con el corazón acelerado, miró a ambos. La tensión en el aire comenzó a disiparse, y aunque la batalla parecía inminente, una chispa de esperanza se encendió en su interior. "Está bien," dijo finalmente, "hablemos. Pero si veo que hay una amenaza, no dudaré en actuar."
Papyrus sonrió, aliviado. "¡Eso es! La comunicación es clave. Ahora, ¿qué tal si comenzamos desde el principio?"
Y así, en medio de la tensión y la incertidumbre, los tres se encontraron en un punto de inflexión, donde la furia y la lealtad podían dar paso a un entendimiento más profundo.