Alastor se topa con Herobrine.
Alastor: El señor de la oscuridad, pero... En versión de un videojuego de cubos. El hermano muerto del creador; Herobrine...
Herobrine: Así es, y que necesitas de mí señor demonio?
Alastor: He venido a buscar poder, Herobrine. Tu leyenda se extiende por los confines de este mundo cúbico, y he oído que puedes otorgar habilidades que van más allá de la comprensión de los mortales.
Herobrine: Poder, dices... Pero, ¿qué estás dispuesto a ofrecer a cambio? No soy un simple espectro que regala sus dones sin un precio.
Alastor: Mi alma está llena de oscuridad, y mi influencia se extiende a través de los reinos. Puedo ofrecerte caos y temor, un aliado en la creación de un mundo donde la desesperación reine.
Herobrine: Interesante propuesta, demonio. Pero el caos ya es parte de mi esencia. ¿Qué me haría confiar en ti? ¿Qué me garantiza que no serás un obstáculo en mis planes?
Alastor: Porque, querido Herobrine, juntos podríamos desatar un terror inimaginable. Imagina un mundo donde los jugadores no solo temen a tus criaturas, sino también a la sombra de un demonio que acecha en cada esquina.
Herobrine: Hmm... La idea tiene su atractivo. Pero recuerda, Alastor, en este juego, la traición puede ser fatal. Si decides jugar con fuego, podrías terminar consumido por él.
Alastor: No te preocupes, amigo mío. Estoy acostumbrado a jugar con fuego. Solo asegúrate de que el mundo sepa que el verdadero terror proviene de la combinación de nuestras fuerzas.
Herobrine: Muy bien, hagamos un pacto. Pero ten cuidado, Alastor. En este mundo de bloques, incluso la más pequeña chispa puede provocar una explosión.