Bills y Whis se topan con Murder Sans.
El fantasma de Papyrus: Oye Sans, estás seguro que será buena idea que te pelees con ellos? Bills y Whis son los dioses más poderosos.
Murder Sans: No necesariamente, hay dioses mucho más poderosos que ellos dos. Pero bueno, Bills siendo el dios de la destrucción y Whis siendo otro poderoso. No vendría mal retarlos.
Papyrus: Pero ellos son poderosos, te pueden eliminar en un instante.
Murder Sans: No importa, he salido del infierno y logré sobrevivir.
Bills: Bueno, sí sans lo desea, eso ya lo decidió él. Solo no digas que te lo advertimos.
Whis: Vamos, no es para tanto
Murder Sans se ríe con desdén, sus ojos brillando con una mezcla de locura y determinación.
Murder Sans: ¿De verdad creen que me asustan esos dos? He enfrentado a seres mucho más temibles que ellos.
Bills: (cruzando los brazos) Eso es lo que todos dicen antes de que les muestre el verdadero significado de la destrucción.
Whis: (sonriendo con calma) Aunque es cierto que Bills tiene un poder inmenso, no subestimes la astucia de Sans. A veces, la estrategia puede ser más efectiva que la fuerza bruta.
Papyrus: (preocupado) Pero, Sans, ¿no crees que deberías pensarlo dos veces? No quiero perder a mi hermano otra vez.
Murder Sans: (mirando a Papyrus con una sonrisa torcida) No te preocupes, Papyrus. Esta vez no será como la última. Estoy listo para jugar.
Bills: (con una sonrisa burlona) Muy bien, entonces. ¿Qué tal si comenzamos?
Whis: (con un tono juguetón) Recuerda, Sans, que no hay reglas en esta pelea. Solo la supervivencia.
Murder Sans: (con una risa siniestra) Perfecto. Estoy acostumbrado a jugar sin reglas.
La tensión en el aire se vuelve palpable mientras los tres se preparan para el enfrentamiento. Papyrus observa con ansiedad, mientras el fantasma de Papyrus se queda en silencio, sintiendo que el destino de su hermano está a punto de cambiar una vez más.
Bills: (con un destello en sus ojos) ¡Que comience el juego!
Whis: (con una sonrisa) Estoy ansioso por ver cómo se desarrolla esto.
Murder Sans: (con una sonrisa desafiante) ¡Vamos a ver quién es el verdadero dios aquí!
Y así, la batalla comienza, con el eco de risas y gritos resonando en el aire, mientras el destino de todos pende de un hilo.