Leatherface al oír sobre el Chavo del 8. Escribe en su libreta:
El chavo... Sí, que recuerdos... Antes de que me volviera en el monstruo que soy ahora. Que recuerdos de la vecindad. Recuerdos cuando me reía mucho con mi familia. Ahora todo es muerte, ahora solo soy un monstruo que quiere matar. Alzó fuertemente el papel tirándolo al suelo y con su motosierra
desgarró el aire con un rugido ensordecedor. La máquina vibraba en sus manos, un recordatorio de la transformación que había sufrido.
"El Chavo... un niño que siempre encontraba la manera de hacer reír a los demás", murmuró para sí mismo, mientras su mente viajaba a esos días lejanos. "La risa, la inocencia... ¿dónde se fueron?".
Miró a su alrededor, el entorno oscuro y desolado que había creado a su alrededor. La risa había sido reemplazada por el eco de su propia locura. La motosierra, su única compañera, le había otorgado poder, pero a un alto precio.
"¿Qué pasó con el niño que fui?", se preguntó, mientras el recuerdo de la vecindad se desvanecía en la bruma de su mente. "¿Por qué no puedo volver a ser feliz?".
Con un grito de frustración, levantó la motosierra y la hizo girar, como si intentara cortar los lazos con su pasado. Pero en el fondo, sabía que no podía escapar de lo que se había convertido. La risa del Chavo resonaba en su cabeza, un eco distante de lo que alguna vez fue.
"Quizás un día, en un mundo diferente, podría haber sido amigo de ese niño", pensó, mientras el sonido de la motosierra se mezclaba con sus lamentos. Pero en su realidad, solo había lugar para el terror y la muerte.
Con un último vistazo a la hoja de papel arrugada en el suelo, se dio la vuelta y se adentró en la oscuridad, dejando atrás los recuerdos de una vida que ya no podía alcanzar.