A Vegeta le preguntan que opina del Chavo del 8. Aunque odie decirlo dice.
Ah el chavo, ese mocoso que siempre le gustaba hacer travesuras en la vecindad junto a Quico, La Chilindrina y todos esos personajes. Aunque... Odio decir esto. Pero... No voy a negar que de niño vi esa serie. Que recuerdos cuando me reía por primera vez. Mi nostalgia ahora se volvió una distracción. Ese programa me gustaba antes de volverme un príncipe y orgulloso saiyajin. Ahora mi enfoque es Kakarotto y entrenar, no viendo programas de televisión. Vegeta aunque quiere insultar al programa sabe que en verdad le gusto
Vegeta, con su habitual actitud orgullosa, se cruzó de brazos y miró al horizonte, como si estuviera tratando de deshacerse de cualquier rastro de nostalgia que pudiera asomarse.
—Ah, el Chavo del 8... —comenzó, con un tono que intentaba ser despectivo—. Ese mocoso que siempre hacía travesuras en la vecindad junto a Quico, La Chilindrina y todos esos personajes. Aunque... odio decir esto. Pero... no voy a negar que de niño vi esa serie.
Su mirada se suavizó por un momento, recordando las risas que le había provocado en su infancia.
—Esos episodios me hacían reír, y no puedo evitar sentir un poco de nostalgia. Pero, ¡por el orgullo de un príncipe saiyajin! No puedo dejar que eso me distraiga. Mi enfoque ahora es Kakarotto y entrenar, no perder el tiempo viendo programas de televisión.
A pesar de su intento de desestimar el programa, había un destello de aprecio en su voz. Vegeta sabía que, en el fondo, el Chavo había dejado una huella en su corazón, aunque nunca lo admitiría abiertamente.
—Así que, sí, el Chavo... —murmuró, casi para sí mismo—. Pero no se lo digas a nadie. ¡Soy el príncipe de todos los saiyajins, y no tengo tiempo para esas tonterías!
Con un último resoplido, Vegeta se dio la vuelta, decidido a dejar atrás esos recuerdos y concentrarse en su entrenamiento, aunque una pequeña sonrisa se asomara en su rostro al recordar las travesuras del niño de la vecindad.