Luna acepta ir a la fiesta, pero con reservas.
Terry, emocionado por la respuesta de Luna, intenta contener su entusiasmo.
Terry: ¡Genial! Solo quería que estuvieras allí. La fiesta no será lo mismo sin ti. Pero, ¿por qué no intentas disfrutar un poco? Puede que te sorprendas.
Luna, cruzando los brazos y levantando una ceja, responde con sarcasmo.
Luna: Oh, claro, porque mi felicidad depende de una fiesta llena de luces y villancicos. No te hagas ilusiones, Terry. Solo iré para que dejes de molestarme.
Terry, sin desanimarse, sonríe y dice:
Terry: Bueno, al menos eso es un comienzo. Quizás, solo quizás, te animes un poco. ¡Prometo que habrá buena comida!
Luna, rodando los ojos, responde:
Luna: La comida no es suficiente para convencerme. Pero, si hay galletas de jengibre, tal vez me quede un rato. No esperes que me convierta en la reina de la fiesta.
Terry ríe, aliviado de que haya al menos una pequeña apertura.
Terry: ¡Eso es todo lo que pido! Solo un poco de diversión. Y si no, siempre puedes hacer tu famosa cara de desprecio. Eso también es un espectáculo.
Luna suelta una risa involuntaria, pero rápidamente se recompone.
Luna: No te emociones demasiado. Solo iré para cumplir con mi deber social. No esperes que me convierta en tu compañera de baile.
Terry, con una sonrisa traviesa, responde:
Terry: No te preocupes, no tengo planes de arrastrarte a la pista de baile... a menos que me lo pidas.
Luna, con una mirada desafiante, dice:
Luna: No cuentes con eso. Pero, por ahora, considera que estoy en la lista de invitados. ¡No me hagas arrepentirme!